¿Por qué cuesta tanto dejar de fumar?

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Parches, acupuntura, la fuerza de voluntad, etc. Son técnicas que pueden ayudarte a suprimir el hábito.

Pero la causa de que fumes sigue existiendo.

Es la razón por la que muchas personas, varios años después de dejar de fumar, siguen con el deseo de encender un cigarrillo. O sustituyen ese hábito por otro, como comer en exceso, y terminan con problemas de sobrepeso.

Nuestro cuerpo es sabio. Sabe cuidarse y eso incluye evitar hábitos dañinos como fumar. Pero si hay una poderosa razón o causa oculta, la fuerza de nuestro subconsciente es capaz de crear un “corto circuito” en nuestro cuerpo, saltándose esa tendencia natural a cuidarse y a ser sano.

Eliminas la causa oculta en el subconsciente, y eliminas las ganas de fumar.

La tecnología que emplea las Afirmaciones Positivas Subliminales está diseñada para trabajar directamente sobre el subconsciente, eliminando la causa del deseo. Si no tienes una razón para fumar, dejar de fumar se hace fácil.

Dejar de fumar implica trabajar el subconsciente

Es cierto que la nicotina en sí es una poderosa sustancia adictiva. Pero lo es también el alcohol, por ejemplo. El síndrome de abstinencia en los alcohólicos es mucho peor que el de los adictos a la nicotina. Pero el porcentaje de alcohólicos es muy pequeño comparado con el porcentaje de adictos a la nicotina. ¿Por qué? Por la sencilla razón que pocas personas tienen razones o causas para ser tan destructivos con sus propios cuerpos y vidas abusando del alcohol.

En cambio, podemos tener muchas causas para fumar. Y si eliminamos las causas, dejar de fumar es posible y de forma permanente. Examinemos algunas razones por las que la gente fuma. (Esta lista no es exhaustiva, pero son ejemplos bastante comunes).

Las causas por las que fumamos

(A) Falta de autoestima.

Para el que carece de autoestima, fumar es una manera de subrayar que “no mereces estar sano.” Lo que empezó como un simple hábito social, se convierte en una manera de subrayar que “no vales”.

(B) Falta de cariño hacia ti mismo.

El cigarrillo, se convierte en tu premio. Te lo brindas como una recompensa, como un “mimo”. El ritual del cigarrillo después de comer, con el café, …, son maneras de premiarte constantemente, sustituyendo el cariño que te podrías dar de otras formas menos destructivas. Dejar el tabaco para esta persona le obliga a buscar otras maneras de darse cariño.

(C) Protegerte contra otros.

Si fumas, estás rodeado de una nube apestosa de humo. Tu ropa huele mal, sin hablar de tu aliento y tu pelo. El cenicero de tu mesa apesta. ¿Qué mejor manera de alejar a la gente? Cuando tememos que nos hagan daño, solemos construir barreras alrededor de nosotros, y fumar es una de ellas.

(D) Inseguridad.

Sentir el paquete y el mechero en el bolsillo o verlos encima de la mesa te tranquiliza. Encender un cigarrillo, con su ritual repetitivo, te da seguridad en medio de un mundo de cambios e incertidumbre. Por mucho que cambie tu alrededor, tu paquete de tabaco seguirá siempre igual, y nadie te puede quitar el encender un cigarrillo.

Algunas o todas estas razones están profundamente arraigadas en nuestro subconsciente. No son aparentes, no pensamos cada vez que fumamos “estoy encendiendo este pitillo para protegerme, mimarme, etc.”.

Pero nuestro subconsciente SI lo está haciendo. Tu subconsciente está dando órdenes a tu “yo” consciente para saltarse esa tendencia natural a estar sano y cuidarse. De allí viene esa frustración que sientes cuando no quieres fumar (conscientemente) pero algo te obliga a hacerlo (subconscientemente).

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